Como viene siendo habitual tras la fabricación del concepto de «corporación» como entidad «egoísta, inmoral, cruel y dañina, que destruye límites y estándares morales y legales para conseguir sus objetivos, no sufre en absoluto de sentimiento de culpa o culpa ni puede responder con las cualidades humanas de empatía, cuidados/preocupación o altruismo», concebida para asumir las responsabilidades individuales de sus fundadores, quienes se parapetan tras su escudo de personalidad jurídica solvente y útil para cometer todo tipo de tropelías, el Club Social del Bienestar  no se hace responsable de ninguna manera de las opiniones de sus fundadores, socios o colaboradores, y mucho menos de las patéticas publicaciones que se recogen en esta página web, en su página en Facebook y en cualquier otro medio existente o futuro. Faltaría más.

Por supuesto, el Club tratará siempre de tirar la piedra y esconder la mano. O, dicho de otra manera, el contenido del presente sitio web y de todas las publicaciones que genere el Club sin excepción espaciotemporal alguna es de carácter general y tiene una finalidad meramente informativa, sin que se garantice plenamente el acceso a todos los contenidos, ni su exhaustividad, corrección, vigencia o actualidad, ni su idoneidad o utilidad para un objetivo específico. De hecho, podemos garantizar que todo esto no sirve para nada.

El Club excluye, hasta donde permite el ordenamiento jurídico, cualquier responsabilidad por los daños y perjuicios de toda naturaleza derivados de:

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Por si aún queda alguien suelto por ahí con la suficiente mala baba y nula capacidad de comprender los mecanismos del humor y la metaforización, añadimos que las imágenes o palabras aquí compartidas no pretenden en ninguna caso ser bromas de mal gusto ni exaltan sentimientos o ideas que nos parecen aberrantes. El nuestro es el ámbito de la reflexión filosófica y del pensamiento artístico, que a veces transita por filos difícilmente enjuiciables. El Club Social del Bienestar reflexiona, entre otras cosas, sobre el alcance mediático de nuestros personajes públicos señalando el uso arbitrario que la sociedad y los medios hacen de ellos. El juicio público y la necesidad de alimentar el espectáculo lo hacen muy propicio. Si el Club repite algunos de estos mecanismos lo hace exclusivamente como muestra de la instrumentalización constante a la que estamos sometidos y como denuncia de la deshumanización del mundo. Una ética material de imperativos hipotéticos dirige dicho mundo y a nosotros personalmente nos parece una farsa detestable que nos lleva a practicar su análisis, por descorazonadora o inane que pueda parecer tal actividad.

El Club está en contra de toda forma de violencia. De hecho, busca el amor y la felicidad sin cesar, pero lo hace desde el corazón de la contradicción. Como todo organismo nacido en el capitalismo tardío, el Club se encuentra muy enfermo, y por ello lucha a diario para sobrevivir a la confusión que ha heredado. Toda imagen o comentario que pueda resultar ofensivo no nace de esa intención, sino más bien del afán de demostrar cómo bien y mal, luz y oscuridad, se hallan íntimamente ligados, diabólicamente entrelazados, en una sociedad enrarecida y distópica como la nuestra. Pedimos disculpas por anticipado y aconsejamos que nadie pierda el tiempo buscándole tres pies a gatos que siempre han tenido y tendrán cuatro, más allá de experimentos genéticos que sin lugar a dudas habremos de soportar estoicamente.

El Club se desvincula de cualquier interpretación malintencionada, de todo sobrentendido que pueda generar cualquier medio de comunicación (no confiamos, de hecho, en lo que estos dicen, pues su discurso suele ser interesado y esconder sucias intenciones) y de cualquier reflexión superficial acerca de lo que aquí se pueda intuir o imaginar. Nada es lo que parece. Los que un día fueron héroes al siguiente día se convirtieron en villanos, los que venían a salvar el mundo lo destrozaron, los que eran vacunas resultaron ser pesticidas, lo que sanaba luego daba cáncer, lo que era ejemplar resultó ser indigno y punible. La neurosis y la esquizofrenia colectiva no dejan espacio para la claridad. Habrá que aplicar la entropía.

El Club, repetimos, está en contra de todo tipo de violencia, del terror, del sufrimiento y de la posverdad. Pretendemos el bien absoluto y definitivo, pero para ello debemos antes espantar nuestros fantasmas, refundar nuestro imaginario colectivo, darnos explicaciones racionales y profundas, aprender a imaginar y destilar nuestro humor personal e intransferible. Invitamos a todas y todos a acompañarnos en esta difícil ruta nunca antes hollada.

Sabemos perfectamente en qué estáis pensando. Qué hace ahí Bin Laden. Bueno, ahí va la explicación oficial.

El Club Social del Bienestar se manifiesta como una pura contradicción, puesto que emerge de la mayor contradicción de todas: la vida, el amor y la belleza han sido subvertidas hasta convertirse en su propio contrario. Nos encantan los contrarios: nos apasiona lo que ocurre cuando una fuerza irresistible choca contra un objeto inamovible.

¿Qué hace ese Bin Laden naranja, esa caricatura, en mi impoluta y pulida pantalla acostumbrada a frases alentadoras escritas por imitadores de Paulo Coelho y gifs de caídas, gatetes y monos que reaccionan como personas? ¿Por qué una institución respetable como ésta elegiría el rostro de un enemigo, amigo de mis enemigos y enemigo de mis amigos a partes iguales?

Porque Bin Laden fue erigido en su momento como el epítome del mal supremo, como un Hitler de nuestros días. Un despiadado asesino sanguinario financiado por personas sanguinarias y asesinas. El producto más perfecto de un sistema que necesita siempre para sobrevivir de un antagonista total. El CSB ama el sistema como el tumor ama al cuerpo que lo engendra.

El Club detesta a Bin Laden del mismo modo que detesta Facebook o los usos espurios de Internet. Pero aquí estamos, sin embargo.

El Club se declara, por lo tanto, a favor y en contra del capitalismo salvaje, pues parece ser la vía más rápida para una segura implosión. A favor y en contra de la mentira, pues la mentira es sólo un momento de la verdad en la orgía del simulacro. El CSB se sabe y se desconoce; se siente atraído por todo aquello que teme y teme todo aquello que lo atrae. El Club es la primera gran carcajada de alguien que acaba de volverse loco por completo. Que Espartaco Santoni nos perdone.

Si el zen ha sido subvertido en mindfullness, si la realización de lo humano ha sido subvertida en trabajo precario, si la felicidad cotidiana ha sido subvertida en anuncio de cocacola, si el amor ha sido subvertido en Tinder, si la poesía ha sido subvertida en eslogan y frase de carpeta, cómo no estar a favor entonces de la cocacola, las carpetas, Tinder y la explotación laboral. El mundo otorga, nosotros sólo venimos a abrazarlo muy fuerte, más fuerte, hasta que explote.

Venimos a inflar esta gran burbuja, a llenarla del belicoso aire del amor. Venimos a llamar a las cosas por el nombre de otras cosas en un lenguaje sin palabras. Venimos a poner los ojos bizcos para así poder ver rectamente y a pedir perdón por lo que os han hecho otros. Venimos a exigir lo que no nos pertenece y lo que nos apetece tener aunque no sepamos muy bien por qué.

Os amaremos en huelga japonesa, hasta que no podáis soportarlo.

Así que tengamos la fiesta en paz. Gracias por apoyarnos y querernos.